Cien años de riego en el Alto Valle de Río Negro

Durante miles de años el Alto Valle fue un desierto, pero en cien años el hombre lo transformó en un lugar con más de 500.000 habitantes y una creciente actividad económica.

Si bien los recursos naturales de la zona son importantes, no fueron menos relevantes las leyes y la suma de esfuerzos nacionales, provinciales y comunales que permitieron su transformación.


Cuatro años después de la Campaña al Desierto (1879), por iniciativa del Coronel Godoy se comenzó a construir un canal de riego con bocatoma en la margen izquierda del río Neuquén, en las proximidades de su confluencia con el Limay, para regar la incipiente colonia de General Roca (1883).

Para su realización se contó con mano de obra de militares, aborígenes y presos del Fuerte Roca. Parte de la traza original de este canal, conocido como “Canal de los Milicos”, se puede apreciar en el “Paseo del Canalito” de General Roca.

En 1888 llegaba a esa localidad el padre salesiano, Alejandro Stefenelli, considerado pionero del regadío de la región, quien en 1891 ya tenía seis hectáreas de vides, frutales y hortalizas. Posteriormente, para asegurar el riego de sus cultivos compró en Buenos Aires y transportó desde Viedma una máquina a vapor de 14 caballos y una bomba centrífuga de 14 pulgadas utilizando carretas tiradas por bueyes.

Para 1897, el “Canal de los Milicos” prácticamente no conducía agua. Rudesindo Roca, hermano de Julio Argentino, prometió a Stefenelli que si mantenía el canal en funcionamiento por 14 meses haría contratar al mejor ingeniero hidráulico para solucionar el problema del riego en la región. En consecuencia modificó la toma del canal y lo mantuvo en funcionamiento.

Al año siguiente, el abogado Ezequiel Ramos Mexía, Ministro de Obras Públicas de la segunda presidencia de Roca, contrató al Ingeniero César Cipolletti para llevar a cabo estudios de irrigación de los ríos Neuquén, Limay, Negro y Colorado.
La gran inundación de julio de 1899 destruyó la bocatoma del “Canal de los Milicos”, el Fuerte Roca y la mayor parte de las edificaciones, por lo cual la población de General Roca se trasladó a su actual emplazamiento.

Por iniciativa del Ministro Ramos Mexía, en 1907 se creó la Cooperativa de Irrigación, cuyos miembros debían construir y mantener canales de riego. El precio de la tierra pasó de $50 a $2 por hectárea, con la condición de aportar $ 48 por hectárea para la formación de la cooperativa. El título definitivo de la propiedad se daba cuando se hubiese invertido la suma establecida.

En 1908, el Ministro Ramos Mexía, ahora bajo la Presidencia de Figueroa Alcorta, contrató al Ingeniero Cipolletti para llevar adelante las obras, pero cuatro días después de iniciar su viaje desde Génova hacia Buenos Aires, Cipolletti falleció en alta mar. Con él viajaban los ingenieros Severini, Kambo, Vulpani, Cantutti, Apolinario, Pasalacqua, y Bonoli. Finalmente se contrató a Severini para llevar adelante la obra.

El Ingeniero Severini propuso la construcción de un dique sobre el río Neuquén, que cumpliría dos funciones: la atenuación de crecidas, derivando las aguas de ese río a la cuenca Vidal -hoy Lago Pellegrini- mediante un canal de 500 metros de ancho, y la alimentación del canal que posibilitaría el riego del Alto Valle.
En 1910, el Ferrocarril del Sud llevó sus rieles hasta la localidad de Barda del Medio y se comenzó a construir el canal principal diseñado por el ingeniero José Cantutti.

El dique se terminó de construir en 1916 a pesar de la creciente del río Neuquén del año 1914 y el contexto económico de la Segunda Guerra Mundial. Ese mismo año se habilitaron los secundarios “La Picasa” de 3675 hectáreas y “La Lucinda” de 6992 hectáreas. En 1921, el “Canal de los Milicos” pasó a formar parte de la red de riego nacional y a abastecerse por el canal principal de riego. 
Entre 1928 y 1931 se terminaron de construir los canales secundarios y posteriormente la red de colectores de drenaje. 

En 1947 se creó Agua y Energía Eléctrica de la Nación (AyEE) que se ocupó de la atención, el mantenimiento de toda la infraestructura de riego y la distribución del agua hasta llegar a la parcela de cada productor. En esta empresa Nacional, el riego nunca fue una actividad priorizada, pues centraba todos sus esfuerzos en la energía. A esta situación se le sumó el hecho, no menor, de que el esplendor y potencial de AyEE comenzó a declinar a partir de mediados de la década de 1970, para llegar finalmente en el Gobierno de Carlos Menem a su privatización y desguace.

En el marco de este proceso el Departamento Provincial de Aguas (DPA) recibe en 1992 todos los Sistemas de Riego que AyEE operaba en la Provincia de Río Negro, siendo el más importante el que nos ocupa en esta reseña. Ya a esa altura presentaba grandes falencias de operación y mantenimiento y la Provincia, a través del DPA, debe asumir el desafío sin recibir ninguna compensación del Estado Nacional que le permitiese abordar los importantes problemas de mantenimiento que ya a esa altura presentaba la infraestructura de Riego.

El DPA organizó a los productores en Consorcios de Riego de Primer Grado que se encargan de la operación, mantenimiento y mejoras de la red de canales secundarios, terciarios y desagües; mientras el organismo de aguas lleva a cabo la operación, mejora y mantenimiento del canal principal de riego, tarea que posteriormente pasó al Consorcio de Segundo Grado.

Todas estas organizaciones son supervisadas por el DPA que además mantiene para sí la Operación y Mantenimiento del Dique Ballester.

En 1969 dieron comienzo las obras del Complejo Cerros Colorados que se concluyeron en 1980. Esta importante obra de regulación aporta agua para el riego y otros usos durante los periodos de estiaje del río Neuquén y ha protegido al Alto Valle de inundaciones como las del año 2006, que hubieran devastado a sus ciudades y a la infraestructura de las áreas de riego.

Durante 2015 el grupo FAO-Prosap llevo adelante el estudio de los sistemas en las Provincias de Río Negro y Neuquén. De dicho estudio de diagnóstico del sistema de riego de Alto Valle, se llegó a dos conclusiones, una es que el estado del sistema es recuperable por medio de obras de rehabilitación y reacondicionamiento; y pueden adaptarse los mismos sistemas de control y distribución de agua modernos, para aumentar su eficiencia. Asimismo, se concluyó que se hace necesario que la Provincia y todos los Municipios del Alto Valle, aborden el reordenamiento territorial, pues el desarrollo urbano e inmobiliario influye en la optimización del funcionamiento del Sistema.

El Sistema de Riego que está ingresando en su temporada Nº 100, depende de que todos los actores locales y el acompañamiento que se pueda obtener a nivel regional, nacional e internacional, puedan garantizar que siga vigente por muchos años más y recupere el protagonismo que supo tener.